Sola entre portazos, grifos que gotean, conversaciones que no entiendo, cosas que me queman… pero sigo en silencio.
Solo el ruido de las teclas de mi portátil interrumpe esa armonía de goteo y murmullos de vecinos, por una vez deja de sonar el solo de manillas, falsa madera y poco cuidado.
Ahora es cuando oigo mis propios pensamientos, lejos de deseos de “muerte y destrucción”. Necesito hacer este estado permanente, ser lo mas clara posible conmigo misma, buscar la felicidad si es que existe, ( como decía C.C.: la felicidad es un estado utópico pues cuando te paras a pensar que la tienes dejas de sentirla) al menos encontraré la alegría. Dure lo que dure, pero cuando la alcance sabré que mi vida merece la pena.
Aunque me lleve al fin de mis días, habrá merecido la pena. Sentirme libre como aquellos que anhelaban y  encontraron lo buscado, como Chris McCandless en los bosques de Alaska.
Gracias D. por conseguir que comparta mis cargas mentales y vuelva a confiar.